martes, 25 de octubre de 2011

Una de tantas.

A lo lejos se vislumbra el lugar, tiene una apariencia a bar, con luces neón decorándolo y tres tipos vestidos de negro lo custodian. Ella pide entrar, pese a mi presentimiento que las cosas no van bien, pero la sonrisa en su rostro me convence y la veo a legarse hasta que se pierde la silueta.
El tiempo trascurre no se cuanto, la noche comienza a caer, el miedo se apodera poco a poco de mi mente, de repente un sujeto de la nada dice; —No señito, por esta puerta entran y vaya usted a saber a donde las llevan, nunca las vuelve uno a ver—
Apenas distingo su rostro, pero mi ojos regresan a esa puerta y él dice —Sino me cree cuando los hombre se descuiden, usted entre; la puerta la lleva por detrás del escenario a mano derecha, siga el pasillo hasta el otro lado, no se detenga, ¡que no la vean!, muchas pasan por aquí y no se les vuelve a ver—
Sigo las indicaciones al pie de la letra, la noche cayo, apenas se distingue el pequeño pasillo detrás del escenario, camino y me agacho entre la tela negra del escenario para que nadie me vea, cuando abro la puerta el sol radiante del exterior me ciega por un instante, un paso afuera ya todo es más claro.
El cielo tiene un azul radiante, son como las dos o tres de la tarde, el suelo de piedra caliza, del lado izquierda arboles, de frente tumbas a lo lejos y a las derechas unas escaleras que llevan a una plataforma, por la que desciende una mujer delgada, tez blanca, vestida de negro, su caminar elegante se opaca con su rosto lúgubre.
Pregunto, señalo, indico, describo y ella responde —Tiene mucho, mucho tiempo que pasaron, aun estaba el cuerpo de mi hijo aquí, hace mucho tiempo—
Mi desesperación llena mis ojos de lagrimas y al mismo tiempo digo —tengo que llegar con ella— la mujer me mira y pregunta, ¿segura? Y sin dudarlo asiento.
Ella comienza a dar indicaciones —Se fueron derecho entre las tumbas, si quieres llegar con ella tendrás que caminar sin detenerte, veas lo que veas, pero cada vaso lleno que encuentres en tu camino tendrás que beberlo y no dudar para llegar con ella—
Comienzo a caminar sin detenerme el suelo de piedra se pierde, comienza a ser tierra en todo momento, toco piedras, paso entre la tumbas veo un primer vaso lleno, lo tomo tiene un tomo de lodo, revuelto con agua y una nata blanca lo cubre, sin pensarlo lo bebo a grandes tragos y sigo mi camino, encuentro un segundo vaso con las mismas características, al llegar a tercer vaso el lugar ya es un panteón.
Camino sobre escalones rojos, la luz es tenue, del lado izquierdo pedazos de tela cubren la pared, del lado derecho en un espacio de un metro cuadrado hay un hombre desalineado que repite un dialogo, en otro espacio de las mismas características un hombre corre como loco hacia mí y sin pensarlo comienzo a correr y trato de llegar a una puerta, pero el hombre casi me alcanza y yo despierto para darme cuenta que solo es una de tantas pesadillas.