martes, 2 de julio de 2013

Dime mujer. (Tomás Segovia)

Dime mujer dónde escondes tu misterio
mujer agua pesada, volumen transparente,
más secreta, cuando más te desnudas.
cuál es la fuerza de tu esplendor, inerme
tu deslumbrante armadura de belleza.

dime no puedo ya con tantas armas
mujer sentada, acostada, abandonada
enséñame, el reposo, el sueño y el olvido
enséñame la lentitud del tiempo.

Mujer tú que convives con tu ominosa carne
como junto a un animal bueno y tranquilo.
Mujer desnuda frente al hombre armado
quita de mi cabeza este casco de ira
calmame, curame, tiendeme, sobre la fresca tierra,
quitame este ropaje de fiebre que me asfixia,
hundeme, debilitame, envenena mi perezosa sangre,

Mujer roca de la tribu desbandada
descíñeme estas mallas y cinturones de rigidez y miedo
con que me aterro y te aterro y nos separa.

Mujer oscura y húmeda pantano edénico
quiero tu ancha, olorosa, robusta sabiduría,
quiero volver a la tierra y sus zumos nutricios
que corren por tu vientre y tus pechos y que riegan tu carne,
quiero recuperar el peso y la rotundidad,
quiero que me humedezcas, me ablandes, me afemines,
para entender la feminidad, la blandura húmeda del mundo,
quiero apoyada la cabeza en tu regazo materno
traicionar al acerado ejército de los hombres
mujer cómplice única terrible hermana
dame la mano volvamos a inventar el mundo los dos solos
quiero no apartar nunca de ti los ojos
mujer estatua hecha de frutas paloma crecida
déjame siempre ver tu misteriosa presencia
tu mirada de ala y de seda y de lago negro
tu cuerpo tenebroso y radiante plasmado de una vez sin titubeos
tu cuerpo infinitamente más tuyo que para mí el mío
y que entregas de una vez sin titubeos sin guardar nada
tu cuerpo pleno y uno todo iluminado de generosidad
mujer mendiga pródiga puerto del loco Ulises
no me dejes olvidar nunca tu voz de ave memoriosa
tu palabra imantada que en tu interior pronuncias siempre desnuda
tu palabra certera de fulgurante ignorancia
la salvaje pureza de tu amor insensato
desvariado sin freno brutalizado enviciado
el gemido limpísimo de la ternura
la pensativa mirada de la prostitución
y la clara verdad cruda
del amor que sorbe y devora y se alimenta
el invisible zarpazo de la adivinación
la aceptación la comprensión la sabiduría sin caminos
la esponjosa maternidad terreno de raíces
mujer casa del doloroso vagabundo
dame a morder la fruta de la vida
la firme fruta de luz de tu cuerpo habitado
déjame recostar mi frente aciaga
en tu grave regazo de paraíso boscoso
desnúdame apacíguame cúrame de esta culpa ácida
de no ser siempre armado sino sólo yo mismo.

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